#queremosELPAÍSGalicia

Tengo grabada a fuego la llamada de la organizadora de prácticas de la Universidad, el 14 de abril de 2011, diciéndome que había conseguido la plaza de becaria en la delegación de EL PAÍS Galicia. Creo que fue el mejor regalo de cumpleaños que me han hecho nunca. Cuando colgué tuve que revisar un par de veces el registro del teléfono para asegurarme de que no lo había imaginado. Luego marqué unos cinco números y hablé con unas cinco personas, con lágrimas en los ojos, balbuceando con voz de niña que el 2 de mayo empezaba una aventura que acabaría por devolverme la vocación que se había ido quedando por el camino poco a poco.

Mi madre siempre me dice que cuando hablo con tanta pasión de esto, lo hago por dar coba. Que tanta devoción por cuatro paredes y 12 personas no puede ser normal. Supongo que desde fuera, a veces es difícil entenderlo. Esas cuatro paredes son mi escuela de periodismo, y esas 12 personas, mis maestros, mis amigos, mis compañeros y mi segunda familia. Son el motivo por el que empecé a leer unos ocho periódicos diarios, por el que durante seis meses caminé por la Rúa Nova con una sonrisa en la cara, y por el que llamaba a mi familia cada poco para recordarles que me guardaran este o aquel cuadernillo cuando vivía en Madrid.

Cada vez soy menos de colgar cosas en las paredes, pero hay tres imprescindibles en las de mi habitación: un mapa del Mundo, un perfil que Xosé Hermida escribió en enero de 2012, y la plancha de impresión de mi primer reportaje publicado en EL PAÍS, que me regaló Sonia Vizoso al poco de empezar mis prácticas. Supongo que eso dice bastante del orgullo que siento por esta redacción. Entiendan que por eso cada día me cuesta más comprender por qué en mi periódico mandan esos cínicos que Kapuscinski decía que no servían para este oficio. Por qué unos cuantos señores encorbatados son los que han decidido que 8 de las mejores personas que conozco tengan que estar en la calle, que las páginas que me estudiaba cada día hayan quedado reducidas a dos, y que 149 personas, 149 familias, dejen de hacer el periodismo por el que he decidido no abandonar este barco a la deriva.

 Ayer los trabajadores, colaboradores, columnistas, becarios y ex becarios de la delegación nos reunimos en Santiago para hacernos estas preguntas en voz muy alta. Hubo música, hubo reencuentros -“¡Anda que! Que tenga que pasar esto para que nos veamos…”- hubo sonrisas, hubo risas y hubo recuerdos. Esta es una de las cosas que más me fascina de estas personas: la dignidad, el compañerismo y los valores, que no pierden nunca. Lo de ayer no fue un funeral. Puede que la mejor explicación de lo que está pasando en la delegación de Galicia la diera Suso de Toro en su intervención. Así que le cedo a él el cierre de estos párrafos, que en esto de juntar palabras me lleva mucha ventaja: “Celebramos hoxe un éxito”, dijo, “Galicia soubo o que tiña estes anos. Agora sabe o que perde”.


Queremos EL PAÍS Galicia. No al ERE en EL PAÍS.

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